Como un copo de nieve. Así ve Steve Guidera a su esposa de hace 21 años. Delicada. Hermosa. Independiente.
Su médico también la describió de ese modo: "Todos los pacientes que han sufrido una lesión cerebral son como un copo de nieve", explica. "No hay uno igual al otro".
Esa conversación surgió después de que Ann Guidera cayera sobre la dura plataforma de cemento de la estación de tren de Trenton, N.J., el 2 de octubre de 2010. Estaba allí para despedir a Jenny, su hija de 17 años, que había ido a visitarla y regresaba a la universidad. Al principio, Ann sintió confusión. En unas horas, perdió el conocimiento.
Al realizarle una tomografía, se detectaron varias lesiones cerebrales, entre las que se incluían fractura de cráneo, hematoma subdural y contusión bilateral de los lóbulos frontales. Tuvieron que realizarle una neurocirugía de emergencia, en la que se le extrajo parte del cráneo para aliviar la presión craneal elevada. Recobró el conocimiento recién dos semanas más tarde.
Estimular la comunicación
Al poco tiempo, Steve comenzó a publicar anotaciones diarias en CaringBridge sobre el tratamiento intensivo que recibía Ann para la lesión cerebral, y sobre su recuperación. "Nunca pensé que abriría mi corazón de ese modo. Yo mismo me sorprendí", afirma. "CaringBridge me cambió la vida. Me dio muchísimo aliento".
Mientras Steve recurría a CaringBridge, al principio Ann se comunicaba sólo con movimientos de los ojos y con un gesto del pulgar para indicarle que estaba bien. Su habla fue mejorando lentamente, pero Ann casi nunca iniciaba la conversación. Los mensajes de texto se convirtieron en su método de comunicación preferido, y cada tanto publicaba un saludo a sus visitantes en el sitio CaringBridge. Después de pasar tres meses en el hospital y en un centro de rehabilitación, tras horas de terapia física, ocupacional y del habla, Ann volvió a casa y comenzó el año con cientos de seguidores que le brindaron su apoyo.
Plegarias de apoyo en todo el mundo
La red de apoyo de los Guidera, formada por familiares, amigos, colegas actuales y antiguos, compañeros de la escuela secundaria y la universidad, y comunidades religiosas, se extiende desde Long Island, N.Y., a San Mateo, CA, San Antonio, TX, y Taipei, Taiwán. Steve y sus tres hijas han recibido una grata sorpresa, y el apoyo de la amplia población que conoce a Ann y reza por ella les da un enorme aliento. “Nunca imaginamos que conocía a tanta gente”, sostiene Steve.
Su hija Laura, de catorce años, acotó: “Honestamente, siempre pensé que mamá no tenía más de tres amigos”.
Alrededor de 30 iglesias diferentes rezan por la recuperación de Ann, incluida la iglesia local de la familia Guidera, St. Paul Lutheran, ubicada en Doylestown, Pensilvania. Sin CaringBridge, estas personas no se hubieran enterado del accidente que sufrió Ann, ni de sus avances continuos. Incluso Katie Guidera, de 18 años, que estudia en la Universidad de Duke, cuando no está en casa, se mantiene actualizada sobre el estado de salud de su madre a través de las anotaciones del diario.
Steve siguió publicando anotaciones todos los días hasta que Ann volvió a casa, porque creía que sus amigos y conocidos tenían derecho a saber cómo estaba Ann, y para recordarles que rezaran por su plena recuperación.
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